jvdelvalle

miércoles 12 de diciembre de 2018

Hoy vuelvo a ser yo

Es difícil expresarse cuando tienes el tímpano cubierto de represión. Y la represión se acumula, con especial empeño, de hacer caso omiso a las indicaciones del otorrino.

Los métodos del facultativo asustan. ¿A quién le gusta sentirse invadido por el otoscopio? Te escondes y te enroscas como un caracol con tal de no ser mangoneado por ese artefacto luminoso que quiere invadir tu cabeza.

Hasta el día que te ves en la necesidad de elegir entre la sordera y la intervención. Y entonces, si tienes suerte, te llevan al ambulatorio y te extraen el tapón. Liberado, descubres una voz interior que te trata con cariño, empiezas a expresarte con normalidad y escribes en tu diario: “hoy vuelvo a ser yo”.

jueves 6 de diciembre de 2018

Deformación profesional

Temiendo estropear el pijama a rayas que me obsequió la mayor de mis hermanas, esta mañana he decidido no ponerlo en la misma colada que la ropa de trabajo de mi padre.

Una cuestión de higiene tan trivial como esa se ha convertido en objeto de culpa cuando, saliendo de casa rumbo hacia la lavandería, Mamá me ha instado llevarme su chándal y me ha dicho que no le importaba que éste fuera lavado junto a las prendas de Papá, impregnadas de sudor y asfalto.

Mamá a veces toma decisiones que escapan a toda razón. Por eso yo siempre he querido convencer a mi padre de que la razón no lo es todo. Y él lo sabe, pero aún no se lo cree.

viernes 30 de noviembre de 2018

El acoso moral

Cuando te encuentras en una situación desesperada, no puedes esperar eternamente a que los demás se apiaden de ti, porque a menudo los demás confunden el sentimiento de culpabilidad que manifiesta una víctima que no comprende por qué es agredida, con la responsabilidad de la agresión que se cierne sobre ella. Y si lo esperas, quedas a merced de otros y a sus ojos confirmas la sospecha de merecer el castigo que se te inflige.

Y cuando no se trata de un agresor sino de todo un grupo, acabas convertido en el chivo expiatorio que lava la imagen de los demás. ¡Qué fácil es culpabilizar a una persona debilitada por las circunstancias y cuánto se regodean por ello quienes practican el acoso moral!

jueves 29 de noviembre de 2018

Una señal que ambos reconocimos

Alguien me propuso colaborar profesionalmente en una empresa que iba a ser de mi agrado, así que decidí visitar al técnico optometrista que regula la graduación de mis gafas. Necesitaba el consejo de alguien que conociera a fondo mi situación.

Después de explicar las condiciones en que desarrollaría la labor, el técnico me dijo “no es para ti” y al volver a casa llamé a la persona que me había hecho la propuesta para informarle de que no la iba a poder aceptar.

Varias semanas después la llamé nuevamente y quedamos en una cafetería para hablar de nuestras cosas. Ella me comentó que uno de sus allegados padecía un transtorno de déficit de atención. La paradoja es que ese comentario despertó mi interés y así empezamos a charlar sobre mis planes de seguir estudiando, sobre los grupos de ayuda y sobre los animales.

Sobre esto último ella declaró que no quería un perro. “Los perros son animales muy sensibles y si los dejas solos en casa pueden sufrir un infarto”. Entonces yo pregunté si quería otra cosa. “He tenido perros, tortugas, hamsters y periquitos y ya no quiero más animales” me explicaba con la taza en la mano mientras daba sus últimos sorbos.

Poco antes de salir de la cafetería preguntó sobre mi trabajo. Por un momento decidí no contestar, pero ella insistió y yo le expliqué que ya llevaba más de veinte años dando clases.

Salimos de la cafetería, le hablé de mis hermanas y me despedí con una señal que ambos reconocimos.

domingo 25 de noviembre de 2018

Gato por liebre

El otro día salí a cazar. Los guardias civiles que oteaban la zona oyeron disparos, se acercaron hacia donde yo estaba y me pidieron los papeles de la escopeta.

Sin poder responder a las exigencias de quienes visten uniformados con el escudo de la benemérita, recibí una vehemente amonestación que no sirvió para nada. “Nunca he entendido las imposiciones legales de la cinegética. ¿A qué clase de licencia se refieren?”, me preguntaba a mí mismo.

Así continué disparando durante un buen rato. Y cada vez me sentía peor porque se hacía tarde mientras me veía incapaz de herir a ninguna presa.

Ya de regreso con las manos vacías descubrí mi fortuna: “nadie me dará gato por liebre”, pensé.

sábado 24 de noviembre de 2018

Por siempre te adoro

Siempre he tenido la sensación de haberte conocido toda la vida y sin embargo nunca he llegado a conocerte. Ahora tengo pánico de nada porque de nada te conozco. Y gracias, porque he conocido el rostro de la amabilidad en tu mirada. En tu mirada de cielo azul. En tu mirada cómplice y calmada.

Quiero decirte de todo sin mediar palabra. Quiero escuchar el silencio de una noche a tu lado estrellada. Quiero un desatino contigo. Quiero decirte algo que no es nada, porque de nada te conozco. Y gracias por estar aquí… por haberme recogido.

Gracias por todo.

Por siempre te adoro, mi querida ***.

martes 20 de noviembre de 2018

Cuenta conmigo

Alguna vez me he figurado en alguna actuación del Cuerpo de Bomberos. Tal vez rescatando un gato que se ha extraviado o controlando las llamas de un incendio. Y no es que me guste el riesgo. Es que a veces, la única forma de afrontar una situación de emergencia es actuar con decisión, valentía y serenidad.

Siempre he pensado que la mayor virtud del bombero es la de proteger y entregarse a los demás. El bombero profesional es una persona que ha estado de frente, cara a cara, con el peligro. Es prudente pero intrépido, sensible pero fuerte… calmado pero diligente. El bombero no se arruga, no se rinde… no se pierde.

Personas como tú merecen algo más que una medalla.

Cuenta conmigo.

martes 6 de noviembre de 2018

Cuchara de madera

No recuerdo exactamente el modo en que mi madre se valía del refranero español para formular sus advertencias. ¿Decía “en el amor y en el juego la prudencia es lo primero” o decía “en el juego y en el amor la prudencia es lo mejor”?

Debo confesar que no lo sé. En realidad la disyuntiva parece sutil, porque a grandes rasgos ambas expresiones vienen a decir casi lo mismo. Y vaya por delante que nunca he apostado en una partida de póquer ni tengo visos de hacerlo…

El problema es que tampoco he llegado a saber si la cuchara de acero era en casa del herrero o en casa del carpintero. Aunque bueno… en este caso la situación es diferente porque mi madre para cocinar usa cuchara de madera…

sábado 27 de octubre de 2018

Así son los gatos

El pequeño municipio donde he crecido está plagado de gatos. A veces los puedes encontrar en las casas o en los portales, donde los vecinos acostumbran a dejarles algo de comida. Otras veces los encuentras en sitios de acogida o merondeando los contenedores de basura, buscando y rebuscando restos orgánicos para alimentarse.

Algunos gatos ronronean, otros te acarician y después te esquivan… y también hay gatos que se erizan en tu presencia y amenazan con lanzarse sobre ti si te acercas demasiado. Y no es que sean gatos malos. Es que han sufrido malos tratos.

Así es el pequeño municipio donde he crecido.

Así son los gatos.

viernes 26 de octubre de 2018

De golpe

Había superado ya la edad de Jesucristo cuando empecé a rumiar la posibilidad de echar una cana al aire por primera vez. Mi amigo Manolo se había separado de su pareja y esa era la coartada perfecta para organizar un guateque “en buena compañía”.

Durante las horas que transcurrieron hasta llegar al local había estado proyectando en mi mente las imágenes de aquella situación, nueva para mí. Imaginé un lugar bien iluminado y silencioso donde podría verme charlando agradablemente con una persona amable y educada, dispuesta a mostrarme el camino hacia alguno de esos lugares secretos que se mencionan en las sagradas escrituras. En aquel momento yo pensaba que no tenía nada que perder.

Nunca he sabido si las prisas de Manolo por llegar a aquel lugar fueron la única causa del temerario atropello que nos llevó hasta allí a más de doscientos kilómetros por hora. Sí, a más de doscientos kilómetros por hora. Así fue como llegamos.

Y al llegar, las imágenes que había estado proyectando en mi mente horas antes se vinieron abajo.

De golpe.

© Copyright 2017-2018 por José Vicente del Valle Fayos.