José Vicente
del Valle Fayos

lunes 08 de octubre de 2018

La invitación

Ayer llegó la misiva de alguien que me invitaba a abandonar el hábito de fumar. Y mi primera reacción fue de sorpresa porque ya sabes que no fumo. Pero si no fumo, ¿con qué propósito me mandaban la carta?

Desde ayer no he podido abandonar mis cavilaciones sobre aquella misiva, porque a esta reflexión sobre su propósito hay que añadir la sospechosa circunstancia de que su remitente lleva el apellido de mi abuela. Y eso da que pensar, sobre todo cuando llevas una doble vida.

Así que esta mañana, nada más levantarme, me he dirigido al cuarto de baño y he buscado entre los cajones, sobre las estanterías y dentro de la cisterna, con la esperanza de encontrar alguna señal que confirme si mi otra personalidad ha quedado atrapada en el vicio. Quizá podía encontrar, escondida en algún lugar de aquella estancia, alguna pista… una cajetilla de “Marlboro” o un mechero gastado, ¿quien sabe?

Solo después de haber escudriñado a fondo el retrete he conseguido encontrar, en el espejo del tocador, la metáfora perfecta de los vicios que nunca he tenido.