José Vicente
del Valle Fayos

sábado 25 de noviembre de 2017

El camino que quiero seguir

Últimamente escucho a mi conciencia preguntar por mi decoro, pero también por el de los demás. Y aunque no debería, a veces lo hago, porque en mi monólogo sostengo el juicio de que las buenas y las malas maneras también se contagian. Porque me figuro una metamorfosis menos dolorosa bajo la sombra de un árbol de copa grande.

Luego pienso detenidamente en ti y entonces me doy cuenta de que las cosas llevan su tiempo y de que la benevolencia es realmente el camino que quiero seguir.

sábado 22 de abril de 2017

Cazando caracoles

Algunas personas encuentran su propósito vital en el noble arte de agitar la pandereta. Y la agitan una y otra vez porque esa es su pasión. Por la mañana, por la tarde y de madrugada. Y con el transcurso de los años llegan a ser grandes maestros agitadores. Y viajan por el mundo dando conciertos, haciendo vibrar al público con su talento...

Otras personas se consagran detrás de un balón y corren tras él desesperadamente un partido tras otro. Y quiero alegar en su favor que algunas de ellas ganan más de lo que a mí me pagan por cazar caracoles, eso que quede claro. Pero en lo que se refiere a mí, nunca he llenado un estadio ni he sido aclamado por mis actividades heliciculturales. Aún así, me siento feliz porque dispongo de tiempo para mí y tengo una vida plena.

Hacer lo que me gusta y disfrutar lo que hago, esa es mi faena.

viernes 14 de abril de 2017

Sólo le dije que la necesitaba

Esta noche encontré un descosido en mi pijama y para no hacerlo más grande me acosté con otra prenda. Más tarde, a medianoche, desperté sobresaltado creyendo que alguien había vendido la máquina de coser de Mamá. Me atormentaba sobremanera pensar cómo sería la vida sin ella.

Bajé al sótano y la encontré ahí. Sólo le dije que la necesitaba.

sábado 04 de marzo de 2017

Vicente colgó el teléfono

Llamé por teléfono a mi amigo Vicente para preguntar cómo estaba y lo primero que me dijo fue que iba conduciendo y que había visto a la policía.

Mi amigo Vicente es un buen ciudadano, un hombre respetable, así que no logré figurar en mi mente la causa de su recelo y con buena voluntad pregunté si llevaba puesto el cinturón de seguridad a lo que él respondió que sí. Luego pregunté si llevaba encima el carnet a lo que él volvió a contestar afirmativamente.

Interesado en conocer el motivo de su temor por los agentes del orden público pregunté si llevaba los papeles del seguro en regla y nuevamente dijo que sí, que los llevaba en regla. ¿Qué me estaba ocultando? ¿Cual era su falta?

La curiosidad se había apoderado de mí y en un arrebato volví a preguntar, esta vez creyendo haber encontrado la falta, si su vehículo había pasado la ITV.

Y entonces Vicente colgó el teléfono.