José Vicente
del Valle Fayos

lunes 06 de agosto de 2018

El jardín de mis vecinos

A veces no puedo resistir la tentación de entrar en el jardín de mis vecinos para regar las margaritas, podar los arbustos y colocar tutores a los olivos que allí crecen.

Pero después me siento mal. Tal vez por el hecho de haberme involucrado en el cuidado de un terreno que no es mío. Por haber incomodado a los gnomos de piedra que descansan sobre el césped a la orilla del camino. Por cortar el silencio de un tiempo detenido en la floresta con exámenes de conciencia propuestos en días de fiesta.

Por todo eso y más, quiero decirte que lo siento. Y aunque todos sabemos que lo natural está vivo, no miento si te digo que el jardín de mis vecinos dejaré de pisar.

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