José Vicente
del Valle Fayos

viernes 26 de octubre de 2018

De golpe

Había superado ya la edad de Jesucristo cuando empecé a rumiar la posibilidad de echar una cana al aire por primera vez. Mi amigo Manolo se había separado de su pareja y esa era la coartada perfecta para organizar un guateque “en buena compañía”.

Durante las horas que transcurrieron hasta llegar al local había estado proyectando las imágenes de aquella situación, nueva para mí. Imaginé un lugar bien iluminado y silencioso donde podría verme charlando agradablemente con una persona amable y educada, dispuesta a mostrarme el camino hacia alguno de esos lugares secretos que se mencionan en las sagradas escrituras. En aquel momento yo pensaba que no tenía nada que perder.

Nunca he sabido si las prisas de Manolo por llegar a aquel lugar fueron la única causa del temerario atropello que nos llevó hasta allí a más de doscientos kilómetros por hora. Sí, a más de doscientos kilómetros por hora. Así fue como llegamos.

Y al llegar, las imágenes que había estado proyectando horas antes se vinieron abajo.

De golpe.

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