José Vicente
del Valle Fayos

viernes 26 de octubre de 2018

De golpe

Había superado ya la edad de Jesucristo cuando empecé a rumiar la posibilidad de echar una cana al aire por primera vez. Mi amigo Manolo se había separado de su pareja y esa era la coartada perfecta para organizar un guateque “en buena compañía”.

Durante las horas que transcurrieron hasta llegar al local había estado proyectando las imágenes de aquella situación, nueva para mí. Imaginé un lugar bien iluminado y silencioso donde podría verme charlando agradablemente con una persona amable y educada, dispuesta a mostrarme el camino hacia alguno de esos lugares secretos que se mencionan en las sagradas escrituras. En aquel momento yo pensaba que no tenía nada que perder.

Nunca he sabido si las prisas de Manolo por llegar a aquel lugar fueron la única causa del temerario atropello que nos llevó hasta allí a más de doscientos kilómetros por hora. Sí, a más de doscientos kilómetros por hora. Así fue como llegamos.

Y al llegar, las imágenes que había estado proyectando horas antes se vinieron abajo.

De golpe.

miércoles 29 de noviembre de 2017

El Puente

La madre de Vicente se casó con un maestro y tuvo mellizos. Después conoció a otro hombre y alumbró a Vicente. Pasados algunos años sufrió un accidente que la dejó inmóvil, así fue como sus mellizos quedaron bajo la tutela del maestro mientras que Vicente fue dado en adopción.

La mujer que adoptó a Vicente anhelaba tener una familia unida y feliz, pero él estaba afectado por la separación de sus padres. Vicente y su familia adoptiva tuvieron que superar muchas dificultades, algunas de ellas derivadas de las inseguridades de él y de su fuerte apego hacia las mujeres, en quienes proyectaba inconscientemente la imagen de su madre.

Vicente creció con el apoyo de sus padres adoptivos sin saber que en la escuela donde estaba siendo educado trabajaba el primer marido de su madre y sin saber que allí también estaba su hermanastra, la melliza. Durante su paso por la escuela Vicente fue galardonado con numerosas calabazas: sus compañeras no lo aceptaban. Esto le costó una depresión, pero su hermana lo protegía.

Vicente y su hermanastra ya mayores, coincidieron en la asignatura de Lengua. Vicente encontró aceptación en ella y descubrió la verdad: que había tenido la suerte de haber sido dado en adopción y que siempre había estado unido a su familia. Entonces escribió su historia y la envió por correo para tender un puente.